
Un ejemplo claro lo tenemos en la pandilla de tertulianos enchufados permanentes, realizando giras por las televisiones y radios públicas y privadas, en tertulias, debates, y demás programas de opinión, con el trasero adaptado a la forma del sillón, sin dejar paso a nadie, con la excusa de poseer información de primera mano, sin contar que todos ellos ya tienen trabajo y no precisamente mal remunerado.
No dudo de ello, pero sí que a veces sus opiniones son de una calidad dudosa, tirando a mala, que cualquier estudiante de periodismo podría mejorar, si tuviese la oportunidad de acceder al plató o estudio de turno.
Dejando al margen este ejemplo de "igualdad" de oportunidades laborales, y a pesar de estar en el siglo XXI, recientemente he tenido noticias de una persona próxima a mí, residente en Canarias, cuyo único defecto es ser mujer.
Su experiencia me recuerda otras épocas, como por ejemplo, cuando para aperturar una simple cuenta corriente, cualquier mujer debía presentar una autorización del marido, mediante un eufemismo llamado "autorización marital", aparte de otros elementos discriminatorios que situaban a las mujeres en un plano de igualdad respecto al hombre muy, pero que muy, desequilibrado.
En resumen: inexistente.
En resumen: inexistente.
Esta amiga, en su búsqueda de trabajo, como estamos la mayoría, se personó en el Tanatorio San Miguel, uno de los mayores de las Islas Canarias, a presentar un currículum vítae, ya que tiene el título de especialista en tanatoestética y tanatopraxia.

Yo creía que las islas afortunadas (será sólo para los hombres), tenían una hora menos, pero veo que en realidad, la diferencia temporal, es de un siglo al menos, cuando presencias estas actuaciones, y ejemplos de igualdad de oportunidades laborales entre hombres y mujeres, por parte de una sociedad medieval, que parece haberse contagiado de la filosofía de sus vecinos de enfrente, al otro lado del mar, donde las mujeres tienen el mismo valor que una colilla.
Resulta cómica, por no decir patética, la vomitiva política de calidad de la que alardea dicho tanatorio en su página web, donde las palabras rimbombantes, inundan un texto manido y gastado, destacando la motivación y el esfuerzo por aumentar el rendimiento de sus empleados (nunca mejor dicho, ya que las empleadas son prácticamente inexistentes), en buscar la mejor calidad de servicio y ofrecer la máxima satisfacción a sus clientes. (Se referirá a los familiares, y no, no voy a hacer la broma fácil).
Es hora ya de que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, a través de la Secretaría de Estado de Igualdad, tome cartas en asuntos como este, de forma efectiva, no con mensajes y discursos de buena voluntad, y actúe poniendo en su sitio a estos "cavernícolas", que personalmente considero, es en la calle.
En la P... calle.
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